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martes, 9 de octubre de 2007

LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD

La Constitución Nacional reconoce y enumera toda una serie de derechos y garantías a los ciudadanos y habitantes de la Nación Argentina para lo que me remito a ella (Arts. 14, 14 bis, 17, 18, 20, 33, 37, 41 y 43) y los tratados internacionales con jerarquía internacional, también hacen referencia a muchos de esos derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la igualdad ante la ley, a la libertad de expresión, a la protección a la honra, a la constitución y protección de la familia, a la maternidad y a la infancia, a la preservación de la salud y al bienestar, a la educación, a los beneficios de la cultura, al trabajo y a una retribución justa, a la seguridad social, al goce de todos sus derechos civiles fundamentales, a la Justicia, a la seguridad personal y jurídica, al sufragio y a la participación en el gobierno, al pleno ejercicio de los derechos políticos (sin proscripciones), al debido proceso, etc. etc. Con proscripciones no hay democracia ni Estado de Derecho.
Para los que aspiran y asumen cargos políticos, todos estos derechos y garantías son por sobre todo DEBERES. Las promesas y propuestas están de más. Tienen deberes legales de trabajar para que esos derechos y garantías no sean meras declaraciones sino que sean realidad. Trabajar para la realización de todos esos derechos. Trabajar por la Justicia con equidad, trabajar por la seguridad, por la libertad, por la salud, por la educación, en fin, trabajar por el bienestar de todos los habitantes de la Nación que llevará a la grandeza de la Patria.
Todos los habitantes de la Nación tenemos derechos y deberes, porque no exiten unos sin los otros, pero como una forma de participación en la vida democrática, que no se limita al sufragio, tenemos el derecho y el deber de exigir a los políticos que asumen cargos públicos que trabajen para la realización de todos esos derechos y para exigirles que rindan cuenta de lo que hicieron en ejercicio del mandato que les conferimos. Ellos son los mandatarios y nosotros los mandantes.
Esta es la realidad, la única verdad.
Bernardo Nespral
Ex-Juez de la Nación

sábado, 6 de octubre de 2007

PENSAR EN GRANDE, para construir en grande


Se aproximan las elecciones de octubre y aumentan los enfrentamientos entre los argentinos. Todos se olvidan qué es lo que tiene prioridad, la lucha mancomunada de todos en defensa de los intereses y objetivos nacionales, que son también los de todo el pueblo argentino. En las verdaderas democracias se hace lo que el pueblo quiere y se persigue un solo interés: el del pueblo; y en una democracia integrada todos trabajan con un objetivo común, manteniendo su individualidad, sus ideas, pero todos lo hacen por ese fin común. Debe existir un espíritu de unidad para construir el país; recoger las experiencias buenas y malas del pasado para repetirlas o evitarlas, pero por sobre todo, construir el futuro. En los últimos tiempos los cambios se producen más aceleradamente; debemos adecuarnos a ellos. Pero necesitamos cambios estructurales que contribuyan al bienestar de todos y a la grandeza de la Patria.
Nunca saldremos adelante destruyendo las instituciones; a través de ellas lograremos el concepto de vida social de los países modernos. El que gobierna no debe mandar, sino servir y en todo caso convencer, persuadir sobre la necesidad de patear todos para el mismo lado, aunque tengamos ideas diferentes. No se trata de prometer, cada uno sabe lo que debe hacer y si no lo sabe que lea la Constitución Nacional y los tratados internacionales con esa jerarquía. Es deber de los representantes del pueblo respetar y hacer respetar la Ley Suprema con la suma de los derechos fundamentales en ella reconocidos y cumplir con la voluntad popular. La democracia no es hacer lo que el político quiere sino lo que el pueblo quiere. ¿Quién votará el desorden, el premio a la vagancia, el amparo a la impunidad de los que violan nuestros derechos fundamentales?. Sin una auténtica justicia como valor supremo, sin seguridad jurídica, sin seguridad personal, sin el trabajo que es una manera de dignificarnos, sin respeto por la vida y las creencias de cada uno, sin transparencia en los actos de gobierno, no habrá salida posible. Debemos hacer un pequeño sacrificio de nuestro ego en función del bien común. Debemos ser una comunidad organizada y no un conglomerado de individuos; porque comunidad es estar ligado a los demás por algo compartido que trasciende al individuo y le impone respeto: la tradición (ética, valores, costumbres comunes). La falta de límites no es libertad, es libertinaje; si actuamos dentro de la ley no somos esclavos sino hombres libres. Sólo en una comunidad organizada cada uno podrá ser dueño de su propio destino, de lo contrario sólo seremos instrumentos de los organizados. Pensando así, en grande, se legislará en grande, se gobernará en grande, y entre todos, como una auténtica comunidad organizada construiremos una Patria grande, libre y soberana para el bienestar de todos los argentinos.
Bernardo Nespral